Epitafio desafiante
En una ocasión,
en una ciudad que creo que ya ha perdido su nombre, una noche de perpetuo
invierno en la que se escondían los refugios, compartiendo el calor de un fuego
de calle, escuché la última voluntad de unas manos con guantes, como un cuento
de los de antes.
He observado muchos
tipos de silencios, pero nunca se han roto como aquella vez
No me merecías:
Te regale letras, palabras en voz, horas
de días, algunas tardes, muchas noches.
Pero no me merecías, siempre respondías
de prisa, compitiendo o con desgana.
Se acabo.
Se ha agotado mi paciencia, ya no
tengo tiempo para falsos reflejos.
Cuando quieras no voy a responderte
ni de prisa.
No me mereces.
Ni siquiera ahora que ya no estoy.
No me escribas, ya no tengo remite.
Pero…
No me olvides.
Silencio hasta el alba.
Aprendí la
lección.
Nunca olvidaré su
voz.
Veo un tren a lo lejos.
Te encontraré rayo.

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